—Marta se está volviendo cada día más loca —dijo Verónica, después de darle un largo sorbo a su café.
—¡Verdad! — le respondió Cristina dando un brinco sobre su silla.
Es verdad que Marta había estado actuando raro últimamente, pero ¿era como para llamarla loca? puede que les haya gritado a los transeúntes o hubiera salido descalza, pero toda tenía una explicación. Una muy buena explicación.
Todo se remonta a hace cuatro días, Marta había llegado temprano a su casa después de su dura jornada laboral. Muy pocas veces se le daba la oportunidad de saltarse dos horas completas de trabajo, y Marta una mujer soltera, con casa propia y sobre todo linda y carismática. Decidió ir a su lugar favorito, su sillón.
Aquella herencia de su padre, un sillón hecho de cuero autentico, relleno de la mas fina que tenían que ser lana. Con una estantería a su costado repleta de todas las clases de libro, de romance. libros románticos, ¿Qué más leería una y solitaria asalariada?
El caso es que Marta había llegado temprano de su trabajo, directo a su sillón se preparo Una taza del café mas puro y amargo que encontró agarro un libro de la estantería, y se dispuso a pasar horas en su sillón.
Lastimosamente a su cuerpo no le apetecía aquel plan que Marta unilateralmente había decidido y quedo dormida apenas su espalda toco el respaldar del sillón.
Se hubiera quedado Marta dormida toda la noche de no ser porque el libro que llevaba ya varios minutos colgado de su mano callera al piso casi como si no le importara el cansancio de Marta. Haciendo que se levantara de un salto.
Marta histérica y recién levantada no tuvo mejor idea que estampar la cara contra la estantería, haciendo que aquella estantería de 2 metros llena de libros. Románticos, callera sobre el costoso sillón de cuero heredado de su padre, cullo abuelo le heredo a su padre y dicho padre de su abuelo le heredo a él… en fin, un enredo.
La cosa era que el sillón era bastante antiguo y teniendo en cuenta el cuidado que le dieron los anteriores dueños (casi nulo) quedo hecho trozos, que digo trozos, quedo hecho ¡polvo!
Y la pobre Marta quedo con un montón de libros, lana y trozos de madera regados por el suelo.


