MICROFICCIONES

A través del espejo del tiempo, un fragmento de realidad se hizo visible. Oscuros bosques y seres gigantescos confirmaron huellas, hoy consideradas ciencia ficción. Universo infinito, de ignorados ancestros, ajeno a la comprensión humana.

ESPEJO TEMPORAL

Lilian Aguilar de Andreutti_Venezuela

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Y de pronto te enfrentas a esa sustancia que te seduce, aniquila tus sentidos y que toca una melodía que solamente tú puedes escuchar. Actúas sin advertir que eres una marioneta en sus manos.

No le importas ahora, antes tampoco y dentro de poco lo descubrirás. Mientras te permitías desnudar tus debilidades creyéndote a salvo, ella las usaba manteniéndote encandilada.

Le suplicaste más de una vez que te permitiera salir de ahí pero no estaba en sus planes perderte. Sabías que despegarte sería una piedra difícil de llevar, pero cada vez te haces más fuerte, puedes ver sus movimientos y preverlos.

Ahora te queda perdonarte por dejar que los hilos te movieran. Después de todo ella solo hizo lo que mejor sabe hacer y a ti te queda nada menos que tomar las riendas ahora que los rostros están al descubierto.

SIN MÁSCARAS

Silvina Lérida_Argentina

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Se escapó del sanatorio mental donde llevaba encerrado cuatro años y se refugió en el circo. Allí lo recibieron y, a falta de actores, le dieron el papel del payaso principal.

Estaba feliz.

Sin embargo, cuando entró al camerino, se estremeció: otro payaso, idéntico a él, lo observaba en silencio. Sin cruzar palabra, lo ignoró.

¿Le habían mentido?

Se sentó, decepcionado, y le dio la espalda. Se sacó la máscara, la sostuvo con fuerza, y bajó la cabeza, derrotado. Le bastaba saber que alguien compartía su mismo rostro para volver a temblar.

El otro seguía allí, inmóvil, devolviéndole una mirada oscura y vacía… El camerino no tenía más que un espejo.

EL LOCO

María Sofía Abarca_Argentina

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Apoyo las plantas de los pies en el suelo. Me miro en el espejo. Re- cuerdo dónde estoy, porque por un momento no lo supe, no pude pensarlo. Me asomo a la puerta de la habitación y veo a Alice en la cama. Me da la espalda. Puedo ver cómo su cuerpo se infla y se desinfla con la respiración. La miro de cerca, me doy cuenta de que ya no puedo moverme. Ella me atrae, pero al mismo tiempo estoy yendo al baño. Ahora casi puedo mirarme al espejo, pero también caigo dentro del espacio entre las piernas de Alice. Me sumerjo en ella. Cierro los ojos. Abro los ojos. Me siento en la cama. Apoyo los pies en el suelo. Me miro en el espejo.

AGUJERO NEGRO

Lisandro Lenski_Argentina

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Desde hace días siento un temblor bajo el suelo, como si algo despertara lentamente. No es un sonido: es una intención. Las paredes comenzaron a agrietarse en patrones que reconozco sin querer admitirlo. Son líneas idénticas a las cicatrices que guardo en la memoria, esas que nunca dije en voz alta. Anoche, al tocar una de las grietas, la casa respondió con un latido. Uno solo, profundo, demasiado humano. Hoy amaneció con un hueco en el centro del pasillo, oscuro como un ojo recién abierto. Sé que no debería acercarme, pero algo en mí —algo antiguo— lo reconoce. La casa no me acecha: me recuerda. Y mientras me inclino hacia el hueco, comprendo que no quiere devorarme. Quiere que vuelva.

DONDE LA CASA RECUERDA

Lalita_Venezuela

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Se miran al espejo, pero no son ellos, son los otros reflejándose. Las caras que contemplan no son las que recuerdan. Son una pareja como ellos, hermosos en su lozanía. Están recién duchados. Anhelan esa corporeidad, las caricias. Suspiran y el espejo se empaña. Ella lo rasura. Él tiene un estremecimiento. En ese instante lo corta, ambos comparten el escalofrío.

Aquella herida superficial, y lo que brota en pequeñas gotas, como un rocío matinal, los espanta. Dejan de fisgonear, de observar en su vacuidad perpetua.

Mañana olvidarán lo sucedido, y volverán frente a los espejos que encuentren en la casa, aunque estén vacíos, carentes, como un montón de páginas en blanco.

FANTASMAS FRENTE AL ESPEJO

Ilich Rauda_El Salvador

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Cierro la puerta y la casa respira. No pregunto: aquí todo escucha. El polvo guarda las llaves, los retratos miran sin ojos, el reloj se detuvo para no delatar. Afuera, la ciudad avanza en fila: semáforos cansados, alocuciones que prometen un mañana, pasos que no llegan. Cruzo el patio; la higuera inclina su sombra como quien calla. En la cocina, una taza tibia miente. Hay migas contadas, una silla movida, una carta sin fecha: elipsis domésticas de una vida repetida. Me siento y espero, como si el gesto bastara para ordenar el mundo. Un canto lejano atraviesa la pared y no salva. Entonces comprendo: la casa no guarda a nadie; guarda lo que la ciudad abandona cada noche. Cuando apago la luz, el silencio se queda a vivir conmigo.

INVENTARIO DEL SILENCIO

Guillermo A. Castillo Ruíz_Colombia

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¡Oye! ¡No apagues la luz!

Siento la ansiedad y la angustia de ir corriendo desesperadamente escapando de ese abominable engendro. Cada noche todo mi cuerpo es agonía.

Aun cuando cierro los ojos por un instante, siento dentro de mí el miedo terrible a sus ganas de poseerme; cuando duermo, imagino que me encuentra y despierto precipitadamente ante el menor ruido creyendo que ya está aquí: al pie de mi cama, aprovechando la obscuridad que cubre la alcoba.

Sé que me sigue buscando, por eso recuerda ¡no apagues la luz! Te puede confundir conmigo, y… no sabes de lo que es capaz.

LA CRIATURA

Sandra Basurto Hernández_México

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Es un sueño; se repite cada vez que vuelve a aquel lugar, aun si una parte de ella cree que es real. Siente el viento sobre su piel, el aroma de la tierra mojada en aquel frío amanecer, y también está esa sensación de incomodidad: miedo, podría ser. Camina escoltada por el metal, brazos sobre la cabeza. Reconoce a varios a su alrededor, pero más no a quien perdió.

Gritos en un idioma que no es el suyo la obligan a subir a un camión. Entonces la ve: inmóvil sobre la tierra, y sabe que ya no está más.

El sueño se rompe y despierta.

Le cuenta a su abuela, quien la escucha en silencio con los ojos bien abiertos, y cada palabra parece palidecer.

—Eso no fue un sueño.

QUIZÁS UN RECUERDO

Paz Antonieta Ramos Bustos_Chile

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«Dime que me quieres, anda», le repite como tonta cada vez que lo ve entrar. La puerta siempre se abre despacio como un intento de sorpresa, siempre falla porque ella sabe la hora exacta en que llegará. No tiene mucho disponible: un par de vestidos, un compacto viejo y un labial vencido. Con los dedos se aplica un poco; la luz es poca. En el espejo pequeño ensaya su sonrisa, las comisuras se levantan una y otra vez para encontrar una que le convenza. Se escucha el cerrojo, los pasos resuenan —ya está aquí—. Toma asiento, espalda recta. Sonrisa lista. Respira.

«Dime que me quieres, anda».

«Ya te lo he dicho mil veces, esto es un secuestro».

SONRISA ENSAYADA

Stefany Ruiz Esteves_Venezuela

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Entró al baño, se miró al espejo y quedó inmóvil: esa cara era suya, pero no era la de antes. Reconocía sus rasgos, mas no el conjunto. Donde antes era suave, ahora era tenso. No era cansancio, era su historia. Miedos, silencios, sobrevivencia, tristeza. La cara anterior se había ido por partes y nunca lo notó. Sintió pena por lo que ya no era, pero también se dio cuenta de que esta mujer sí sabía valorarse.

—Perdón —dijo sin saber a quién, cerró los ojos. Sonrió.

LA CARA PRESTADA

M. P. De Loto_Chile

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Mi madre siempre refutó las inclinaciones malignas de cualquier ente lejano al plano que habitamos. Decía que le aterraban los vivos y no una pobre alma en pena. Tantas veces contradije sus aseveraciones hasta que los hechos derrumbaron mis palabras. Un día, como castigo por mi maldad innata de estar vivo, me dejó encerrado en la casa. Ya pasaron doscientos años y sigo aquí, sin ganas de maldad alguna.

ESCEPTICISMO

Yobany García Medina_México

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Todo hubiese podido ser diferente, pero no.

María sacó la escopeta, estaba ya planeado. No fue una sorpresa, ni algo sujeto al azar. Constituía una tradición en aquel lugar olvidado y escondido. Todo era deterioro en aquella aldea donde el empinado camino terminaba. Nada alteraba la soledad enquistada en sus calles. Era domingo. Podría haber sido cualquier otro día; pero no, se trataba del séptimo dentro de la semana.

María se dejaba guiar por la desgana de sus zapatos, que iban mar- cando el suelo al caminar. Tenía tiempo, el reloj de la torre no le engañaba. No dudó en dejar una nueva herida en aquella maltrecha campana de bronce. Su disparó dejó un graznido metálico a modo de llanto y el vuelo inquieto de las palomas. Eran las doce.

CAMPANAS

Carlos Marchena González_España

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Aturdido, estoy aturdido, esa es la palabra justa, se dijo el hombre en medio de los escombros recién esparcidos a su alrededor, testigo de un hecho ocurrido cuando él menos se lo esperaba, cuando caminaba con aire despreocupado por una calle sin demasiada gente, que tampoco estaba ubicada en lo que se conoce como el centro de la ciudad, así que el hombre ignora qué pudo haber pasado, imposible explicarse el motivo de tanto aturdimiento, si él solamente paseaba por abajo y los aviones pasaban por arriba.

ENTRE LOS ESCOMBROS

Mario Capasso_Argentina

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Le prohibieron el regreso, era el precio de la desobediencia. Construyó una nueva familia y un proyecto secreto.

Pasaron muchos años. Cuando a sus pequeños les despertó la curiosidad, los convenció de que era una sorpresa.

Casi a la medianoche del último día de diciembre, miró al cielo y lo supo. De inmediato llevó a su esposa e hijos al viejo almacén.

Al sonido de las doce campanadas, la nave voló a la velocidad de la luz. Dejando atrás el cadáver de un Planeta.

PREMONICIÓN

Elisa Pérez Rivero_Cuba

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Para reconstruir la ciudad, el comité exige que cada vecino entregue un recuerdo por cada ladrillo. Comienzo cediendo el aroma del lodo tras la tormenta; a cambio, obtengo el marco de la puerta. Para las paredes, sacrifico el nombre de mi hijo. Al colocar la última teja, la casa es idéntica a la que perdí en el incendio. Me detengo frente a la entrada con la llave en la mano: la cerradura encaja y el pasador cede, pero me quedo inmóvil ante el vacío del recibidor, sin recordar qué parte de mi cuerpo debe cruzar primero.

MORFOLOGÍA DEL OLVIDO

Elihú G. Martínez_México

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Antes del tiempo hubo titanes biocósmicos, enormes y curiosos, flotando en un silencio sin instrucciones. No hablaban. Respiraban materia. Cada exhalación encendía partículas, cada latido sembraba leyes. Uno dobló la oscuridad y nació la gravedad. Otro rio y el espacio aprendió a expandirse. Con garras de luz amasaron estrellas como arcilla tibia y las soltaron para que aprendieran a caer solas. Cuando se cansaron, se durmieron dentro de lo creado, convertidos en constantes invisibles. El universo siguió creciendo, creyéndose huérfano. Pero a veces, cuando una galaxia tiembla, es solo un titán acomodándose en sueños.

EL PRIMER PULSO

El Archivista de la Cúpula_Venezuela